Una mujer sola

Algunos suelen decir que una mujer sola es, en realidad, una casa embrujada: generalmente, reposa en la cima de una apartada colina, y su adusta fachada se halla en franco contraste con los apacibles alrededores. Al acercársele, notará como ruines hiedras la circundan, y al reposar la cabeza sobre su vientre, en sus corredores, ruidos inhumanos regresan del pasado. De día, vive envuelta en el engañoso silencio; al anochecer, mientras todos duermen , un espectro se asoma por su frente, retándole.

Sin embargo, al contrario de lo que dicta la prudencia, existen hombres prestos a abrir su puerta. Después de agotar todos sus rincones, se marchan, aturdidos, cuidándose de dejarla abierta, batiendo en la bruma cálida.

Beverlley Pérez Rego, Canadá Venezuela de Poesía Reunida, Monte Ávila Ediciones

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