Hoy estoy azul

Hay en el sur, en México, una zona de costa, tropical, llamada Veracruz -donde desembarcó Hernán Cortés y donde les gusta mucho el carnaval- la cual, no obstante, en temporada, la azotan huracanes respetables y todo se vuelve grisáceo, se dice que “hay norte en el sur”. Efectivamente, la mirada del norte es aquella que escogió para configurar su mundo la luz del atardecer, ésa de entre azul y buenas noches en donde los bordes de las cosas se difuminan y se tornan inciertos, donde los planos se confunden y lo cercano como que se aleja. Entonces se da la paradoja de que al oscurecer se ve más la distancia que la proximidad, por el hecho de que hasta lo que esta cerca se ve lejos.

Y al atardecer en la distancia, los colores se adormecen y uno no va a encontrar un amarillo limón ni un rosa mexicano a esas horas, sino que más bien es la hora de los azules, no importa de qué color hayan sido las cosas en la mañana, son las horas de los azules plomizos, marinos, nebulosos, ésos que se ven en el horizonte del mar, en la línea de las montañas, en los límites de la ciudad, en el último rincón del poniente, y de los que dice Spengler que “son los colores que escencialmente pertenecen a la atmósfera, no a las cosas mismas; colores fríos que anulan los cuerpos y producen impresiones de lejanía, de amplio horizonte, de infinito”. Por estas razones de mirada, de atardecer y de cansancio, y de tiempo ocioso, los azules profundos son los colores pensativos, contemplativos, y por una interesante asociación, son lo colores de la tristeza y la soledad, según lo confirman todos los diccionarios de símbolos y todas las revistas de decoración y todos los hóroscopos de los periódicos. Por una simple razón, antigua: quien se queda mirando la distancia, allá a lo lejos, pone la cara larga y no le hace caso a los demás, no porque esté triste, sino porque esta muy entretenido mirando. Y entonces los que llegan a saludarlo mejor se van y lo dejan efectivamente solo, y luego van y opinan que se encuentra solitario y por lo tanto está triste, pero la verdad es que más bien puede concluirse que la tristeza y la soledad no son una catástrofe sentimental, sino simplemente la cara que tiene alguien que está viendo el color azul, o meramente en actitud de una mirada pensativa.

36, Lo que se siente pensar. Pablo Fernández Christlieb

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