la perversión de otra

“Antes creía que al ser madre se te iba de golpe la estupidez, que de un día para otro comenzaba a funcionar un mecanismo raro, el piloto automático al viaje a la madurez.
Mentira. No hay tal mecanismo. Hay días en los que te sinceras frente al espejo de la maternidad. A veces te gusta lo que ves, a veces no.
Un día más temprano que tarde, te desarmará su humor, la templanza con la que se toma el reto de ser tu hija. Y verás que no había nada de que preocuparse. Lo más sano será que te descubra pronto. No dejar ni por un minuto que piense que eres mejor de lo que eres. Tú mejor regalo será ahorrarle un desengaño, el primero de su vida porque habrá muchos.
Tampoco, por supuesto, debes hacerle creer que eres peor de lo que eres. Ése sería un error aún más grave. Te costaría su peso en terapias.
Tarde o temprano se dará cuenta de que no eres posmoderna, sino imbécil; que no eres graciosa, sino descuidada e irresponsable; que no eres severa, sino amargada; que no eres hippie, sino buena para nada; que no eres su amiga, sino su madre. Pero eso será más tarde, mientras tanto disfruta.
Porque tú también fuiste la perversión de otra.”
Gabriela Weiner.

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