simulaciones novelescas de algunos espacios cotidianos

Desde mi ventana, veo a una madre llevando a su hijo de la mano y empujando el cochecito vacío delante de ella. Iba imperturbable, a su paso, el chico estaba tironeado, sacudido, obligado a correr todo el tiempo, como un animal o una víctima sadiana a la que castigan. Ella va a su ritmo, sin saber que el ritmo del chico es otro.

[Precisión oral: Al poner juntos dos ritmos diferentes se crean profundas perturbaciones].

Cómo vivir juntos, Roland Barthes

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