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Cada uno se despidió de la vida del modo que le era más propio. Unos rezaron, otros bebieron desmesuradamente, otros se embriagaron con su última pasión nefanda. Pero las madres velaron para preparar con amoroso cuidado la comida para el viaje, y lavaron a los niños, e hicieron el equipaje, y al amanecer las alambradas espinosas estaban llenas de ropa interior infantil puesta a secar; y no se olvidaron de los pañales, los juguetes, las almohadas, ni de ninguna de las cien pequeñas cosas que conocen tan bien y de las que los niños tienen siempre necesidad. ¿No haríais igual vosotras? Si fuesen a mataros mañana con vuestro hijo, ¿no le daríais de comer hoy?

Si esto es un hombre. Primo Levi

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Instrucciones

Consejo 1. Antes de volver a embarcarse en navíos de dudosa reputación, apréndase las siguientes:

Definiciones

El mar. Es ancho y húmedo, salado. Se mira siempre de frente y con entereza. Al final uno sale limpio e invencible. Amar sigue siendo difícil… andar también. En el mar hay muchas cosas, pero sobre todo hay agua, agua, siempre agua. Recuerde: no hay sed que se la beba…

El poeta. Sus primeros poemas son siempre maldiciones (los que siguen también). Se enamora seguido y cae con la misma frecuencia. Se levanta despacio sobre papel y tinta. Por reír mejor llora. Está en peligro de extinción.

El viento. El verdadero capitán del mundo. Dirigiendo polvo y caminos se divierte con nosotros y, dicen, no lo pasa tan mal.

Consejo 2. Es común, en viajes largos, que se presenten imprevistos. Por eso es muy conveniente seguir, al pie de la letra, las…

Instrucciones para olvidar y recordar amores

Sáquese despacio ese amor que le duele al respirar. Sacúdalo un poco para que despierte. Lávelo con cuidado, que no quede ni una sola impureza. Limpio y oloroso proceda a doblarlo tantas veces como sea necesario para tener el tamaño de la uña del dedo gordo del pie derecho. Espere el paso de una hormiga, ser noble y generoso, y pásele la pesada carga. Ella lo llevará a guardar en alguna profunda caverna. Hecho esto, vaya y rellene, por enésima vez, la pipa de tabaco frente al mar de oriente. El olvido llegará conforme se termine el tabaco y el mar se acerque a usted.

Si quiere recuperar ese amor que ahora olvida, basta escribir una larga carta hablando de viajes desconocidos, hidras, molinos de viento, oficinas y otros monstruos igualmente terribles. A vuelta de correo tendrá su amor tal y como lo envió, acaso con un poco de polvo y sueño en la cubierta. . .

Vale de nuevo. Salud y… ¿nos vemos?

El Sup ya en altamar, ajustado el catalejo y acomodándose el parche. A lo lejos una tormenta. . .

Instrucciones para olvidar y recordar amores

affidamento

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Mujeres: mediar para reconocer otros mundos en este mundo . Alicia Gil Gómez y Dora Sales Salvador

Beethoven

 No me canso de admirarlo por encima de cualquier otro. Lo maravilloso de él es que no nada más su música es sublime, vigorosa, telúrica, que enriquece el alma y provoca una elevación espiritual en el acto mismo de escucharla, sino que además su vida es ejemplar. Soy muy ignorante, pero ningún otro caso entre los hombres del arte me parece semejante en cuanto a la tragedia que tuvo que vencer. Siempre solo, siempre aferrado a la soledad —no porque él lo hubiera querido así—, al desdén y al desprecio, su vida —su música— fue una continua lucha cuesta arriba. Quién más, quién menos, todo mundo le cerró las puertas. Cada conquista le valía la rechifla general. Su interpretación pianística avanzaba como un tornado, cosechando éxitos extraordinarios —nunca antes soñados por pianista alguno—, cuando le sobrevino la sordera. En cuanto a sus obras, cuando estaba a punto de poder disfrutar de un ingreso suficiente, la moneda se devaluó por la intervención napoleónica. Y en lo que se refiere a su vida íntima, jamás pudo cristalizar el amor. Aunque al cabo del tiempo, decepcionado de esa institución llamada matrimonio —“No he conocido ningún matrimonio en el cual, después de algún tiempo, uno u otro de los cónyuges no se haya arrepentido. Y en cuanto al pequeño número de mujeres cuya posesión me hubiera parecido tiempo atrás la suprema dicha, he comprobado después que era una gran suerte que ninguna haya llegado a ser mi mujer. ¡Ah!, ¡qué bien está que las ansias de los mortales, muchas veces, no se vean cumplidas!”—, seguía latente en él la más enconada lucha por cristalizar el amor. Pero estaba solo —“yo vivo solo, solo”, dice en una carta.

Eusebio

Los Tres en mi radio:

Me arrendé una vida
Para poder matar a la antigua
No esperé a que naciera
Le dí toda mi sangre verdadera

Sin buscar encontré algo
Que me con mueve cuando lo abro
Brilla en mi cara como un cuarzo

El sol volvió al corazón
Nos salvó de una muerte feroz
El destino me salvará a su vez
De la abulia que prometió volver

Dejemos hablar al viento

Sentí de pronto, sin alivio ni tristeza, que yo había dejado de tener motivo.

Me serví otro vaso y le pregunté al Pibe Manfredo: “A qué hora cruzamos?”

JCO

Cuando la vida te echa fuera

“Para M.C.

Querida Tan Triste: Comprendo, a pesar de ligaduras indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad que impone navegar entre dos aguas durante X páginas. Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón. Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.”

J.C.O.