la perversión de otra

“Antes creía que al ser madre se te iba de golpe la estupidez, que de un día para otro comenzaba a funcionar un mecanismo raro, el piloto automático al viaje a la madurez.
Mentira. No hay tal mecanismo. Hay días en los que te sinceras frente al espejo de la maternidad. A veces te gusta lo que ves, a veces no.
Un día más temprano que tarde, te desarmará su humor, la templanza con la que se toma el reto de ser tu hija. Y verás que no había nada de que preocuparse. Lo más sano será que te descubra pronto. No dejar ni por un minuto que piense que eres mejor de lo que eres. Tú mejor regalo será ahorrarle un desengaño, el primero de su vida porque habrá muchos.
Tampoco, por supuesto, debes hacerle creer que eres peor de lo que eres. Ése sería un error aún más grave. Te costaría su peso en terapias.
Tarde o temprano se dará cuenta de que no eres posmoderna, sino imbécil; que no eres graciosa, sino descuidada e irresponsable; que no eres severa, sino amargada; que no eres hippie, sino buena para nada; que no eres su amiga, sino su madre. Pero eso será más tarde, mientras tanto disfruta.
Porque tú también fuiste la perversión de otra.”
Gabriela Weiner.

El espejo

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez—mis once años—
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es Idea
y le sonreiré dándome ánimos.

IDEA VILARIÑO

El destino me salvará

Me arrendé una vida
para poder matar a la antigua
No esperé a que naciera
le dí toda mi sangre verdadera

Sin buscar encontré algo
Que me con mueve cuando lo abro
Brilla en mi cara como un cuarzo

Álvaro Henríquez, Los Tres

El cuaderno

Tú no conocerás cómo domo mi miedo
Para hacer de mi voz mi valentía,
Dando al olvido inútiles desastres

A un poeta futuro*. Luis Cernuda

 

*Cambiad el título por favor

No todos los hombres son iguales

No todos los hombres son iguales. Hay hombres hermosos como bebés grandes, hombres cuyos besos saben a miel envenenada, hombres mariposas con vidas efímeras y coloridas; hombres payasos, siempre listos para hacerte reír; hay hombres araña de cuyos brazos es inútil querer escapar, con ellos lo único efectivo es quedarse muy quieta, casi sin respirar y dejarse caer en la red. Hay hombres magos, reptiles, hombres gato, gusanos, sapos, cuervos. hombres esclavos, que en cuanto sienten tu presencia se arrodillan frente a tu pubis a adorarte, echándose a tus pies como pequeños roedores. Hay hombres feos, que son de los que una se enamora con locura. Hombres peludos como osos; hombres cavernícolas, hombres frágiles como copos de nieve, hombres con el corazón de opaco cristal de roca. Hay hombres de hielo, cuya presencia congela los pulmones, el hígado y las pasiones; hombres con dedos de mármol y lengua de gelatina sin sabor, hombres que fabrican estalactitas en tu sexo. Hay hombres actores, para los que las relaciones no son mas que otra oportunidad de representar su papel, hombres boy-scout, siempre listos para arreglar el depósito del baño, preparar un té, matar cucarachas; hombres contadores que te tocan con dedos de cuarzo líquido como a una delicada calculadora; hombres astronautas,que en menos de lo que canta un gallo, pueden llevarte de la Tierra a Plutón, pasando a la vuelta por todos los demás planetas; hombres coleccionistas, que te cazan y exhiben junto a otros trofeos macabros; hay hombres-papás, que te llevan al zoológico y te acarician los cabellos con manos asperas. Hombres, hombres. No, nunca diría que son todos iguales. Pero ¿Porqué me tocan siempre los mismos?