Beethoven

 No me canso de admirarlo por encima de cualquier otro. Lo maravilloso de él es que no nada más su música es sublime, vigorosa, telúrica, que enriquece el alma y provoca una elevación espiritual en el acto mismo de escucharla, sino que además su vida es ejemplar. Soy muy ignorante, pero ningún otro caso entre los hombres del arte me parece semejante en cuanto a la tragedia que tuvo que vencer. Siempre solo, siempre aferrado a la soledad —no porque él lo hubiera querido así—, al desdén y al desprecio, su vida —su música— fue una continua lucha cuesta arriba. Quién más, quién menos, todo mundo le cerró las puertas. Cada conquista le valía la rechifla general. Su interpretación pianística avanzaba como un tornado, cosechando éxitos extraordinarios —nunca antes soñados por pianista alguno—, cuando le sobrevino la sordera. En cuanto a sus obras, cuando estaba a punto de poder disfrutar de un ingreso suficiente, la moneda se devaluó por la intervención napoleónica. Y en lo que se refiere a su vida íntima, jamás pudo cristalizar el amor. Aunque al cabo del tiempo, decepcionado de esa institución llamada matrimonio —“No he conocido ningún matrimonio en el cual, después de algún tiempo, uno u otro de los cónyuges no se haya arrepentido. Y en cuanto al pequeño número de mujeres cuya posesión me hubiera parecido tiempo atrás la suprema dicha, he comprobado después que era una gran suerte que ninguna haya llegado a ser mi mujer. ¡Ah!, ¡qué bien está que las ansias de los mortales, muchas veces, no se vean cumplidas!”—, seguía latente en él la más enconada lucha por cristalizar el amor. Pero estaba solo —“yo vivo solo, solo”, dice en una carta.

Eusebio

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Los Tres en mi radio:

Me arrendé una vida
Para poder matar a la antigua
No esperé a que naciera
Le dí toda mi sangre verdadera

Sin buscar encontré algo
Que me con mueve cuando lo abro
Brilla en mi cara como un cuarzo

El sol volvió al corazón
Nos salvó de una muerte feroz
El destino me salvará a su vez
De la abulia que prometió volver

Dejemos hablar al viento

Sentí de pronto, sin alivio ni tristeza, que yo había dejado de tener motivo.

Me serví otro vaso y le pregunté al Pibe Manfredo: “A qué hora cruzamos?”

JCO

Cuando la vida te echa fuera

“Para M.C.

Querida Tan Triste: Comprendo, a pesar de ligaduras indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad que impone navegar entre dos aguas durante X páginas. Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón. Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.”

J.C.O.

El Pozo

Seguí caminando, con pasos cortos, para que las zapatillas golpearan muchas veces en cada paseo. Debe haber sido entonces que recordé que mañana cumplo cuarenta años. Nunca me hubiera podido imaginar así los cuarenta años, solo y entre la mugre, encerrado en la pieza. Pero esto no me dejó melancólico. Nada más que una sensación de curiosidad por la vida y un poco de admiración por su habilidad para desconcertar siempre. Ni siquiera tengo tabaco. No tengo tabaco, no tengo tabaco. Esto que escribo son mis memorias. Porque un hombre debe escribir la historia de su vida al llegar a los cuarenta años, sobre todo si le sucedieron cosas interesantes. Lo leí no sé dónde. Encontré un lápiz y un montón de proclamas abajo de la cama de Lázaro, y ahora se me importa poco de todo, de la mugre y el calor y los infelices del patio. Es cierto que no sé escribir, pero escribo de mí mismo.

EL POZO de Juan Carlos Onetti

 

Aunque yo te regalé una edición de El Pozo, me devolviste tu ejemplar de La Vida Breve y en la primera pagina escribiste: “Jamas tú y siempre yo, nuestro nunca igual a siempre pero al revés”. Fue la última vez que te vi, en el segundo tendido de sombra, whiskys secos y manos frías. Me pareció raro el gesto y trate de investigar, me pediste espacio para no confundir el rumbo. Además ya no querías fumar ni dar explicaciones. Pasaron semanas para que yo terminara mi investigación sobre qué pasaba contigo. En unas horas recordaré que odiabas mi cara triste y amabas mi cara de loca cuando reía con mi divorcio. ¿Qué puedo hacer? Desde que te conozco estoy cada día más loca. No estoy lista para leer el obituario, ni los epitafios, regresar al tendido, la soledad, ni dormir, no puedo dormir, estoy olvidando, solo puedo recordar tus manos, será porque con las manos decimos Adiós.

WHEN FEMININITY IS CODE FOR FEELINGS ON FAILURE, MOTHERHOOD, AND FLIGHTLESS BIRDS

Next to the “Birds” listing on Wikipedia is the term Aves, followed by the word “Disambiguation,” parenthetically. Aves, it turns out, is the Latin word for Birds. The disambiguation page explains, if you click it, that these (Disambiguation) pages “are used as a process of resolving conflicts in article titles that occur when a single term can be associated with more than one topic, making that term likely to be the natural title for more than one article. In other words, disambiguations are paths leading to different articles which could, in principle, have the same title.”

For example, “Failure.” For example, “Feeling.” For example, “Birds.”

Woolf was birdlike and she killed herself. Duras was drunk. Jean Rhys, Shirley Jackson, Lucia Berlin, Doris Lessing, drunk and drunk and drunk and abandoned half her kids. What is it that these women couldn’t stomach sober? What is it that felt not worth the work? What was it about the way they failed that felt that much more like failing? Why, for them, wasn’t failing again and again, but then still trying, not just the most noble thing?

*

I feel, think, say: the most terrifying part of every day is when I stop writing, when I am no longer containing feeling inside language, inside fiction, when I must swoop down and into life.

Lynn Steger Stronghttp://lithub.com/when-femininity-is-code-for-feelings/

Una historia de las mujeres y la economía

La mitad de la población mundial vive con menos de 2 dólares al día. La mayoría de las personas que integran esa mitad son mujeres. La pobreza se ha convertido en un tema femenino, y la búsqueda de una existencia mejor supone para millones de mujeres un vida muy lejos de casa, a menudo lejos de sus hijos , ya sea cuidando a los de otras a cambio de una remuneración, o bien como limpiadora camarera, peón de fábrica, trabajadora agrícola, trabajadora sexual, o lo que sea, dentro de la economía mundial sumergida. Países increíblemente ricos limitan con países extremadamente pobres; y, dentro tanto de unos como de otros, las personas inmensamente ricas viven a pocas manzanas de las que se hallan sumidas en la pobreza extrema. La economía mundial ha reunido a la mujer occidental con sus hermanas menos privilegiadas del Ur y del Oriente. Hoy en día, a menudo viven bajo el mismo techo, pero no en el mismo mundo. Se reúnen en calidad de empleadora y trabajadora. Señoras y criadas.

¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?
Katrine Marçal